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 En Las personas en las empresas

Te han seleccionado. Has pasado diferentes pruebas. Se ha valorado tu expediente académico, tu personalidad, tu capacidad de adaptación, tu experiencia si la tienes, tus aficiones… y te encuentras con el orgullo de estar en este punto al que, probablemente, no creías en el fondo poder llegar fácilmente.

Te llena la satisfacción y a la vez te embarga la expectación y puede que la duda  sobre cómo gestionar mejor tu entrada en ese nuevo mundo que se abre ante ti.

Sin embargo, en muchas ocasiones, tu proceso de selección, que creías ya superado no ha hecho más que empezar.

Comienza a emerger un creciente nivel de exigencia que no siempre tiene que ver con los conocimientos académicos ni con las habilidades técnico profesionales al uso. Ni siquiera, a veces,  el bagaje profesional que hayas podido adquirir hasta ahora.

Es como si acabaras de cruzar el umbral de una jungla llena de oportunidades y de posibilidades más o menos deslumbrantes para tu carrera profesional, pero también  plagada de rincones oscuros, de senderos desconocidos que no aparecen en ningún  mapa,  de trampas procelosas y  hasta de tormentas tropicales que, si no te preparas,  pueden dar al traste con tus mejores conocimientos y actitudes, o hasta con tu brillante expediente académico.

Estas en una empresa.

Y esto en la practica quiere decir que, en la mayoría de las ocasiones, cuando accedes a ella por primera vez, o cuando tienes que integrarte en un nuevo equipo de trabajo o división,  lo que tienes delante de ti como tarea más importante es buscar la mejor manera de encajar en ese sistema.  De encontrar cuanto antes las palancas que favorecerán tu progreso. De ser capaz de desarrollar los recursos imprescindibles para no perderte. De sobrevivir, si hace falta, a las circunstancias menos favorables que puedan presentarse. Y hasta de identificar cuanto antes  si ese es un sistema en el cual pudieras no llegar a encajar  nunca profesional o personalmente.

Pero ¿cuáles son los pasos mas acertados? ¿Cómo movernos en ese nuevo mundo desconocido, tanto si es tu primer empleo como si es tu primera etapa de trabajo en una nueva empresa?

En nuestra opinión son  cinco  los factores a conjugar:

 

1. – Hay que  establecer un plan de acción con una, (o varias) metas temporales:

Y no queremos referirnos a metas relativas a tu ascenso profesional o la consecución de determinadas posiciones en la organización.

Hablamos más bien de metas relativas al conocimiento e integración en el nuevo sistema al que accedes. Es decir, de una secuencia de acciones u hoja de ruta a grandes rasgos, que te permita trazar luego pequeñas estrategias o posturas hacia una posición de integración optima.

El fin ultimo sería  situarte en igualdad a efectos de madurez organizativa que el resto de tus compañeros más veteranos.
Planifica pues y haz un seguimiento periódico de tu propia evolución.  Si continuas leyendo puedes encontrar en los cuatro pasos que siguen, pistas para establecer mejor tu plan personal.

 

2. – Hay que descubrir cuanto antes el lenguaje común y los códigos de comportamiento no formales:

Cada empresa tiene su “idioma”. (O incluso varios por departamentos.  

Pero, como es sabido, no existen siempre diccionarios para ellos ni se aprenden viajando.

Son el lenguaje en el que se entiende la gente en su vida cotidiana.
 
Y no solamente nos estamos refiriéndonos a los términos propios el argot profesional  que singulariza la manera de denominar herramientas, proyectos o lances en el departamento en cuestión, o al estilo típico de comunicación interna en los correos electrónicos o comunicados entre unidades. Hablamos también de ese metalenguaje, casi nunca formalizado, que se inscribe en la propia cultura corporativa y que  constituye el conjunto a descifrar de los sobreentendidos, incluso en la comunicación no verbal.

Por otra parte, no es nuevo en absoluto, que en todas las empresas se yuxtaponen dos sistemas de pautas de comportamiento. Así junto a la organización formal con sus normas escritas, su estructura, sus fuentes de poder  y sus paradigmas  oficiales, conviven, y a veces con mucha relevancia, otras leyes de conducta que resulta imprescindible conocer (y seguramente seguir en alguna medida) porque forman parte intrínseca de la manera de funcionar de esa empresa o división.

De la sabiduría que seamos capaces de desplegar para combinar en equilibrio nuestra adhesión simultanea a los dos sistemas, frecuentemente contradictorios, dependerá gran parte de nuestra integración y de nuestro éxito al fin y al cabo. Para ello, la experiencia nos demuestra que se mantienen despiertos y alertas para captar lo que va más allá de lo evidente, tienen muchas mas probabilidades de éxito que quienes adoptan una actitud pasiva o reactiva.

3. – Es necesario  comprender cuanto antes la “personalidad” de la organización.

Es decir, su cultura corporativa, más allá  de lo que de ella tienen el lenguaje y las normas no formalizadas. Para avanzar en esa comprensión, puede ser de gran utilidad el preguntarte sistemáticamente qué es lo que espera de ti cada uno de los agentes internos o externos con los que te estas empezando a relacionar.   Cual es su talante. Qué dicen, y que no dicen. Cuando es y cuando no es oportuno formular nuestras preguntas. Observa, escucha, fíjate en las reacciones cotidianas  y trata de entenderlas o de explicártelas.

Pero también la cultura de una organización es su historia. Especialmente la mas reciente. Piensa que lo que han podido vivir en los últimos meses tus recién estrenados compañeros es un poso del que tú careces y que te sitúa en una posición diferente, no necesariamente negativa, pero si en inferioridad de ese conocimiento contextual para moverte con mas soltura y acierto.

Pide información, contrástala y enriquécete con los diferentes puntos de vista con los que con toda seguridad juzgaran los hechos del pasado tus fuentes. Trata de preguntarte el porque de todo. Las respuestas y el mismo ejercicio de reflexión en sí mismo te aproximarán a entender el terreno que pisas. Y ello resulta imprescindible para que tu motor termine cuanto antes el periodo de rodaje y estés en condiciones de posicionarte y aportar valor.

4. – Intentar mantener un talante despierto, pero asentado

Esto significa que, si bien puede ser útil al principio ir ligeramente por delante de la velocidad media del sistema, y que probablemente sea eso lo que espera de nosotros quien nos ha contratado, el dinamismo y la proactividad hay que saber dosificarlos midiendo cuidadosamente las consecuencias. De nuevo no hay que olvidar que cada organización tiene su idiosincrasia y por consiguiente, su ritmo particular de aceptación de lo novedoso.

Las sugerencias, las iniciativas que ponemos en marcha o las modificaciones que abordamos sobre lo establecido en nuestro nuevo trabajo, deberíamos ser capaces de pasarlas antes por un  filtro que nos las adapte al grado singular de tolerancia que esa empresa o unidad, tiene a la implantación de novedades o a las posturas transformadoras.

No estamos diciendo para nada que debamos ser ni inmovilistas ni de adocenados, sino que es prudente cuidar y controlar, especialmente en nuestro propio nuevo equipo de trabajo o entorno más inmediato, los efectos  adversos, de cualquier exceso en este sentido.

Sabido es que hay grupos especialmente hipersensibles ante lo que de amenazante pueda tener la novedad, tanto de un nuevo miembro como de las ideas que traiga, así como  organizaciones realmente tóxicas en las pueden  generarse, de manera casi imperceptible al principio, exclusiones de facto, cuando no una desacreditación injusta del recién llegado, que amenaza el statu quo, aunque oficialmente se proclamen como deseables precisamente las actitudes innovadoras y rupturistas.

Tales circunstancias pueden devenir a corto o medio plazo en caldo de cultivo para peligrosas reacciones en forma de mobbing por lo que conviene identificar si estamos o no ante una empresa en la que corremos ese riesgo y protegernos convenientemente

5. Maximizar tus posibilidades de interacción  y tu potencial.

Está claro que lo que realmente valemos, cuando llegamos un nuevo entorno profesional, no radica únicamente en nuestros estudios, ni en nuestro expediente académico, ni siquiera en nuestra  experiencia en el sector si es que la tenemos.  Tampoco, en la rapidez con la que nos formemos o adquiramos nuevas competencias. Ni acaso tampoco la velocidad con la que te llegas a integrar en el nuevo sistema. Es verdad que todos estos elementos constituyen un bagaje imprescindible, pero hay dos ejes esenciales en los que pivota de manera más poderosa tu superación final del proceso de integración.

Uno de ellos es tu capacidad para relacionarte inteligentemente con las personas de ese entorno: La capacidad de trabajo en equipo y la capacidad de generación de buenas relaciones personales, equilibrando la orientación a los aspectos técnicos con los relacionales, son con sus diversas derivadas, dos competencias estrella en la mayoría de los sistemas de medición del desempeño.
 
El otro eje es la  capacidad de hacer emerger tus propios méritos, de aplicar inteligentemente tus mejores cualidades y no dejarte arrastrar por los aspectos menos brillantes de tu perfil.

Estos dos ejes al estar muy vinculados a aspectos del carácter y de la percepción que tenemos de nosotros, son frecuentemente de más difícil control por la propia persona y más cuando tiene que dispersar sus energías en el resto en el resto de requerimientos que le exige el nuevo empleo.  Por eso en estos dos ejes, la ayuda de profesionales experimentados  nos puede venir como anillo al dedo.

Estos son, pues,  los cinco factores  en los que creemos que hay que poner el foco, para no perder ventaja competitiva durante el proceso de integración en un nuevo empleo. O lo que es lo mismo, para superar de manera airosa  ese verdadero proceso de selección, que empieza tu primer día de trabajo

Si has seguido o estas siguiendo un programa de coaching sabrás ya de la necesidad de estructurar todos estos pasos  y estarás descubriendo o habrás descubierto como hacerlo desde tu propia singularidad aprovechando las oportunidades que te brinda  una metodología sistemática y asistida.

En cualquier caso, las preguntas clave serían: ¿cuál es tu modelo? ¿Tienes ya tu plan de acción para desenvolverte en los primeros pasos? ¿es coherente con  lo que esperas de ti, ahora y en el futuro? ¿Estas en disposición de no perderte en la jungla?

Si es así, enhorabuena y si no, ya sabes no hay mas remedio que, brújula en mano, dibujar el mejor de tus mapas para la ocasión.

 

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