¿Brillas o iluminas?

 En Curiositá, Desarrollo profesional

María Asenjo, Socia Directora AUREN BLC

Esta distinción tan reveladora a la vez que “iluminadora” nos puede ayudar a diferenciar dónde estamos poniendo realmente el foco cuando lideramos un equipo de trabajo. Muchas veces las palabras e intenciones hablan de “iluminar”, pero si analizamos los actos, estos hablan por sí solos y nos están diciendo a voces que el único propósito es “brillar”.

Cuando la finalidad es brillar (lucir o sobresalir en alguna cosa), el/la profesional se pone “en el centro” con la pretensión, a veces difusa, de deslumbrar a las personas de su entorno, buscando el reconocimiento, la autorrealización y un beneficio personal que se antepone a las necesidades del equipo y de la propia organización.

Sin embargo, cuando el objetivo es iluminar (proyectar luz sobre algo o alguien), el/la líder se sitúa “detrás del equipo”, a la sombra, para, desde allí, alumbrar a sus colaboradores y ayudarles a que transiten su propio camino arropados por la inspiración, la pasión y la autenticidad.

Podemos identificar que un profesional pretende brillar para deslumbrar cuando:

  • Sabe que su liderazgo es finito, pero desea que sea infinito y procura apagar las luces que se encienden a su alrededor para evitar ser deslumbrado por otros.
  • Declara que se siente comprometido/a con la organización y sus valores, pero sabe que solo está comprometido/a consigo mismo/a y su propia causa, no siempre justa.
  • Hace ver que escucha, pero en realidad solo es capaz de escucharse a sí mismo/a y darse reiteradamente la razón.
  • Tiene mentalidad de decrecimiento, es decir, de “sabelotodo”.
  • Convierte su visión en “la visión”, limitando la perspectiva y aportación de las personas que lidera y condicionando el auténtico propósito de la organización.
  • Parece abierto a las ideas de otros, pero en realidad solo legitima sus propias creaciones, reduciendo las posibilidades de innovación a su capacidad creativa.
  • Su ego es su director general, el que dirige sus palabras y sus actuaciones.

Podemos identificar que un profesional se ensombrece para iluminar cuando:

 

  • Entiende que estar al servicio del equipo significa anteponer el beneficio de los demás al suyo propio.
  • Aparta sus juicios hacia las personas para darles la oportunidad de aprender, crecer y transformarse.
  • Desarrolla un sentido profundo de la empatía que sitúa en el centro de sus actuaciones.
  • Desea empoderar a los demás para que se renueven y configuren su futuro.
  • Tiene mentalidad de crecimiento, es decir, de “aprendelotodo”.
  • Solicita feedback a su entorno para transformar su HACER en función de las necesidades y peticiones de otros.
  • Genera espacios para preguntar y escuchar, de modo que invita a la reflexión, a la contribución y a la autorrealización.
  • Ve en el otro una posibilidad y no una limitación para sus aspiraciones e intereses.
  • Comprende que no se trata de un juego temporal de ganar o perder, sino de dejar un legado de compromiso, ilusión y bienestar que sobreviva a su liderazgo.

Todavía hoy, organizaciones de reconocido prestigio a nivel internacional se lamentan de las consecuencias de haber permitido que líderes “estrella” hayan condicionado el rumbo de sus compañías, desenfocándolas de su verdadero propósito. Estas mismas organizaciones se han visto obligadas a revitalizarse, sanar su cultura y recuperar su razón de ser.

Quizá este sea un buen motivo para que nos replanteemos la importancia de alinear los valores y filosofía personal del líder con el alma y el propósito de la organización.

Y tú, ¿brillas o iluminas?

 

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