Cambiando la perspectiva

 En ¿Y si...?
Equipo de redacción.

Está claro que el cambio es una constante en nuestras vidas, que cada día se hace más palpable. Por ejemplo los teléfonos inteligentes que se han convertido en un artículo de uso más que cotidiano cuyo uso minoritario es el de hacer o recibir llamadas. Por su parte, Internet ha modificado sustancialmente nuestra manera de relacionarnos, comunicarnos o informarnos. Nos ha dado acceso a muchos ámbitos que hace no más de 10 años no llegábamos a vislumbrar siquiera: entrar en contacto y tener información a golpe de un click con personas, empresas, etc. sin importar su ubicación física.

Posiblemente, en nuestro día a día no reparamos en estos cambios ya que hemos “naturalizado” las nuevas herramientas, pero si echamos la vista atrás, no hace falta llegar muy lejos para identificarlos.

La crisis ha sido, sin duda, otro de los factores que han puesto a prueba nuestra capacidad  de reacción; en algunas ocasiones nos ha obligado a modificar nuestra visión y, en otras, ha sido una oportunidad para evolucionar. Cada uno de nosotros vive los procesos de cambio de manera distinta en función, sobre todo, de si han sido elegidos u obligados.  Pero sin duda lo que marca la diferencia es la actitud con la que les hacemos frente.

En todo este proceso, el mercado de trabajo ha tenido su propia evolución pasando del pleno empleo a una tasa de desempleo por encima del 25%, de perfiles generalistas a perfiles claramente especializados, de procesos tradicionales a procesos innovadores de atracción de talento. 

Ahora se hace necesario tener una marca personal y elementos de diferenciación para destacar en un mercado repleto talento disponible. Indispensable es para la persona en su proceso de búsqueda, saber identificar y poner en valor su aportación a la organización para ser escuchado. 

No obstante, es obvio que las empresas siguen necesitando talento, aunque quizás no necesariamente bajo las premisas y formas de contratación a que estábamos acostumbrados. El concepto del trabajo para toda la vida se está diluyendo. Cada vez más se va extendiendo la figura del freelance para aportaciones puntuales, desarrollo de proyectos, o como un asesor en un área específica para empresas. Extendiendo este modelo, aparece la constitución de equipos en red virtuales o presenciales, formado por personas freelance o autónomas, multidisciplinares y multisectoriales que se integran buscando sinergias para un proyecto o servicio concreto a la empresa cliente, aportando visión, diversidad y conocimiento especializado. Y todo ello con la ventaja de que cada uno de los integrantes del equipo puede trabajar desde su lugar/ país de origen, lo que permite unir visiones empresariales muy diferentes de las que extraer los mejores aspectos adaptados a las necesidades de cada cliente. Los portales que se encargan de unir estos “talentos” no dejan de emerger.

De una forma más física, han surgido los espacios de coworking, (como lo comentamos en nuestro numero link) cada vez más extensivos, que favorecen la integración puntual o permanente de equipos, y permiten la generación de ideas, construcción de soluciones innovadoras a la vez que se amplía y profundiza en trabajo de networking.

Volviendo al inicio, el cambio es una constante en todos los aspectos. Importante ahora es ver cómo integrar los recursos que se van generando: nuevos modelos de colaboración, medios tecnológicos que cada vez cambian a mayor velocidad, espacios innovadores, etc., para seguir aportando valor y desarrollo en nuestra trayectoria profesional. Eso sí, vista desde otra perspectiva.

Hoy en día el reto viene por contemplar otras formas de colaboración distintas del trabajo por cuenta ajena como una alternativa en respuesta al mercado actual. Sin duda, para ello es necesario cambiar nuestro modo de conceptualizarnos. Ya no se trata sólo de definirnos con el nombre de un puesto o título, sino más bien de saber concretar qué aportamos, de qué sabemos o qué solucionamos. Requiere, por supuesto, tener un elevado grado de claridad de lo que ofrecemos, saberlo comunicar, ampliar nuestra red de difusión y ser flexibles para integrarnos a los distintos modelos de colaboración que puedan ofrecernos o, por qué no, que nosotros mismos podamos idear. 

En este número queremos mostrar otros modelos de trabajo que, por supuesto, “son todos los que están, pero no están todos los que son”. Para ello vamos analizar nuevas tendencias y vamos a contaros experiencias de personas que han puesto en marcha algunos de estos modelos de colaboración. Y es que si algo está claro es que el cambio viene solo y la única opción que tenemos es adaptarnos a él, ¿no te gustaría ser el pionero y mejorar tu posicionamiento?  

 

 

 

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editorial octubre