Cinco continentes, cinco visiones: África

 En Yacimiento de empleo
Equipo de redacción

Sólo unos cuantos kilómetros nos separan del que quizás sea el continente más pobre y desconocido. Pero, más allá del Waka- Waka, la valla de Melilla, los safaris y las tristes noticias que cada día vemos en los telediarios, África es un continente por descubrir. Y si no que pregunten a China, que se ha convertido en el mayor inversor en el continente desde hace 5 años y ya está comenzando a explotar sus múltiples recursos.

Desde la revista de Reskilling hemos querido acercarnos a personas que decidieron cruzar el Estrecho, la mayoría de ellos con muchas ganas de conocer una forma de vida lejos del consumismo y, en general, para trabajar en el primer sector que seguramente nos viene a la mente al pensar en África: la cooperación internacional. Pero hay más áreas que quizás os interese descubrir. ¿Os animáis a seguir leyendo?

Nuestros entrevistados de este continente se han marchado a Mozambique, Burkina Faso, Uganda, Malawi y Marruecos en busca de desarrollo personal y profesional. Y ninguno de ellos se arrepiente de su decisión. No obstante, todos inciden en la necesidad de ir con la mente abierta para entender las diferencias culturales (con la religión como elemento dominante), adaptarse a una economía subdesarrollada alejada de las comodidades occidentales y, sobre todo, tener mucha paciencia porque allí, remarca Arantxa desde Marruecos, se vive a otro ritmo y “o te adaptas, o mueres”. ¡Ah! Y no olvidemos que, como nos cuenta Sara desde Malawi, en la mayoría de los países “el color de la piel es una diferencia enorme y casi insalvable”. En contrapartida, remarca Elena desde Mozambique, “muchos valores que en España se han perdido, aquí perduran y la solidaridad y familiaridad que te encuentras a cada paso siempre se valoran”.

En la mayor parte de los casos, viajaron acompañados por sus parejas, y es que, como indica Javier desde Uganda, “tomar la decisión es mucho más fácil cuando hay motivación para los dos”. 

Quienes no fueron con trabajo desde España califican su experiencia de “agridulce tirando a amarga”. Hacen alusión a las dificultades que se encuentran, especialmente para trabajar como autónomo, ya que la corrupción domina en gran medida estos países: “muchas cosas se solucionan con dinero”, apuntilla Arantxa. Además, todo se mueve principalmente por contactos, por lo que la paciencia y la constancia son las recetas clave de un  éxito que nuestros entrevistados han conseguido. En este sentido, Javier comenta que “son muy sociales en general, lo que hace que también a nivel empresarial y laboral  las relaciones jueguen un papel especialmente importante”. 

Llegados a este punto, la pregunta que puede surgir es, ¿de qué trabajar en África? Obviamente, la cooperación es la principal puerta de entrada, pero ya son muchos los sectores que, como dice Sara, están por emerger. El turismo cada vez cobra más fuerza, así como la explotación de recursos naturales (extracción de petróleo, metales, minerales, etc., y desarrollo de la agricultura). Por otra parte, llama la atención que en Uganda Javier destaque el sector de las telecomunicaciones, dado que “la telefonía móvil ha llegado incluso antes que la fija”, y el energético, incluyendo las renovables. Todo esto sin perder vista que, gracias a las inversiones efectuadas principalmente por China, se están desarrollando infraestructuras que requieren perfiles más técnicos.

Si te estás planteando dar el salto a este continente, nuestros entrevistados te recomiendan paciencia y pocas pretensiones porque como le dijo un guarda forestal a un amigo de Javier, “si vienes aquí tienes que venir preparado para que las cosas no funcionen. Si no traes esa mentalidad, incluso el viajero más experimentado y más atrevido tendrá una experiencia frustrante”. Y esta reflexión puede aplicarse a todos los ámbitos de la vida allí. Además, Elena añade que antes de lanzarte debes interesarte por la cultura africana ya que difiere mucho de la nuestra ya que, entre otras cosas, carece de comunicaciones que les permitan ver el mundo más allá de su entorno: “allí el raro eres tú”. Por ello, Javier nos cuenta cómo, debido a su aspecto físico, por la calle le llaman “Yisas” (Jesús) e incluso “dos mujeres con collares de vivos colores llegaron a arrodillarse y santiguarse delante de mí”. Por su parte, Sara detalla que sus ojos claros hacían llorar a los pequeños burkinabeses porque creían que era el “coco” y también comenta cómo los niños le preguntaban “¿es una persona?” al ver a una de sus compañeras que estaba gordita.

Obviamente para poder lidiar en estos países es necesario contar con un segundo idioma y, sobre todo, llevar bien arreglados los papeles desde España. Mejor tratar lo mínimo imprescindible con las burocracias locales. A esto añaden que se puede conseguir mucha información adicional a través de grupos de expatriados en Facebook o a través de la web www.estruc.es

Preguntados sobre las ventajas que supone vivir allí, además de conocer una cultura que rompe todos nuestros esquemas, todos coinciden en la amabilidad de la gente y en su respetuosidad. Además, Sara destaca “poder ver y oír historias de personas que desmitifican tus clichés”. Y es que no hay que dejarse llevar por los estereotipos o la imagen enlatada que tenemos de este continente del que, probablemente, tenemos mucho que aprender. Generalizamos sobre los 52 países que lo componen contando con información de menos de una decena de ellos y quizás, el romper con esa imagen, es lo más complicado para quien decide ir allí.

Los contras son más obvios. La falta de comodidades, el acostumbrarse al clima extrema de algunos de sus países y tener lejos a la familia son los más repetidos. Pero sobre todo remarcan el tema de la corrupción y de las relaciones interesadas, así que si quieres trabajar en África en un sector distinto al humanitario, tendrás que ser más listo que ellos.

Pero ni todos los contras hacen que nuestros entrevistados se arrepientan de nada. De hecho, algunos quieren quedarse en el continente, en el país en que están o en cualquier otro que les permita seguir ampliando su visión y su desarrollo personal y profesional. ¿Lo único que cambiarían? Probablemente, el haber tomado la decisión de hacer las maletas antes. 

 

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