Coaching estratégico o ¿Cómo pensar estratégicamente?

 En Tendencias del coaching

El coaching es una herramienta muy útil para favorecer el pensamiento estratégico en los directivos. La estrategia es una forma de actuar más que un contenido. Yo me acuerdo de mi desconcierto cuando hablábamos de estrategia en las escuelas de negocios desde una perspectiva teórica sin enseñarnos a pensar de forma estratégica. Lo importante no es tener una estrategia sino ser estratégico. El pensamiento y sentimiento estratégicos suponen la interiorización por parte del supuesto estratega de una forma de actuar. En el libro “El manual de estrategia” de Rafael Martínez Alonso se destaca la lógica de la estrategia, que bien puede ser para una empresa, para una persona o para un país, se pretende contestar a tres preguntas claves:

  1. ¿Cómo anticipar los cambios?

  2. ¿Cómo adaptarse a los cambios?

  3. ¿Cómo actuar para influir en ellos?

Como dice el autor, se trata de la triple A: Anticipación – Adaptación – Acción. Básicamente es el trabajo de coaching estratégico empresarial que consiste en posibilitar el aprendizaje del directivo en conductas, pensamientos y sentimientos que den respuesta a estas tres preguntas. En multitud de ocasiones, como coach me proponen que les asesore estratégicamente y siempre les digo que hay tres roles diferentes.

  1. El rol consultor de estrategia. Consiste en asesorar en el contenido de la estrategia tras análisis y diagnóstico del negocio y del sector.

  2. El rol de profesor de estrategia. Radica en explicar todos los diferentes tipos de estrategias asociadas a un negocio.

  3. El rol del coach de estrategia. Se basa en hacer desarrollar las habilidades de anticipación, adaptación y actuación de una forma estratégica. Es decir, hacer pensar estratégicamente.

El coaching estratégico supone un acercamiento muy útil por la capacidad futura del directivo. No se trata de abotargar al directivo con Case Study y multitud de casos sino más bien de analizar cómo se debe anticipar, adaptar y actuar en diferentes ocasiones, y que reflexiones estratégicamente en cada momento.

 

Lo que suele pasar es que el directivo quiere conceptos estratégicos y compra estrategias, etiquetas cuando lo verdaderamente estratégico es pensar y ser estratega. El cambio en los tres niveles humanos: sentir, pensar y hacer, implica generar desde la labor del coach emociones, pensamientos y conductas estratégicas. Aquí está la fuerza del coaching para generar directivos estratégicos, no les decimos que tienen que pensar o que tienen que aprender sino que les ayudamos a descubrir como anticiparse, adaptarse y actuar pensando en el cambio. Cuando hago coaching estratégico suelo recordar al gran psicólogo Carl. G. Jung cuando decía: “El encuentro entre dos personalidades es como el contacto entre dos sustancias químicas, si hay alguna reacción ambas se transforman”. Habitualmente lo estratégico es el cambio, aunque el contenido de dicho cambio sea que no hay que cambiar nada. El coaching estratégico no supone el púlpito de una Escuela de Negocio, ni amplio bagaje de éxitos y fracasos de las experiencias como Directivo sino la humildad de hacer preguntas estratégicas. La sencillez de la estrategia se basa en tres principios:

  1. Relativizar cualquier solución que no sea la contestación a una pregunta estratégica. Las soluciones de moda, llenas de anglicismos, no pueden ser las necesarias. Las respuestas a las preguntas son el principio de la solución y no hay soluciones sin respuestas a las preguntas estratégicas.

  2. Aceptar la ambigüedad inicial para crear certezas. No hay certezas sin dudas iniciales. La duda estratégica es un momento mágico del coaching estratégico. No hay gurús ni libros ni case study que nos sirvan para predecir sin haber caído en la duda estratégica. No saber que hacer es el principio de empezar a hacer. Asustarme por la indeterminación y la poca tolerancia de la ambigüedad son malos enemigos para conseguir certezas estratégicas.

  3. Tener seguridad en que las respuestas llegarán. La estrategia es un proceso que implica ingente trabajo de análisis, reflexión y actuación. Para anticiparse hay que ver más lejos que los demás (vivir a largo plazo). Para adaptarse hay que tener mayor capacidad de flexibilidad y para actuar tener mayor resiliencia al fracaso cuando actuamos.

En el coaching estratégico trabajamos habitualmente estas 7 habilidades para dar más poder al pensar estratégico:

  1. Capacidad de cambio. Lo que ayer fue bueno o hoy no lo puede ser. Hay que pensar que porqué lo nuevo es peor que lo antiguo o porqué es mejor. Pero sino intento algo nuevo cuando lo viejo no funciona estoy provocando un suicidio estratégico.

  2. Sencillez de ideas. Lo fácil es más difícil de conseguir que lo complicado. Lo complejo es lo natural y lo sencillo es lo difícil. Ya lo decía Braudillard: “El mundo es complejo y lo simplificamos para entenderlo”.

  3. Tolerancia a la ambigüedad. Lo caótico es un estadio para conseguir el orden. Toda ambigüedad puede ser el inicio de la lógica del futuro.

  4. Visión a largo plazo. Lentes binoculares, no sólo hay que ser operativo (visión de cerca) sino también no tener miopía para no ver el futuro (visión de lejos). Como el cuerpo humano hay que tratar la miopía y el astigmatismo.

  5. Flexibilidad mental. “Los principios son principios y no finales” nos decían Gomaespuma en la radio. Hay personas que sus principios les impiden hacer empatía con otras personas y aceptar otras formas de pensar.

  6. Resiliencia. La estrategia supone mucho ensayo y error. Nadie nace estratégico sino que se hace más estratégico. La capacidad de aceptar los fracasos como “peldaños de aprendizaje” es una de las bases del pensar estratégico.

  7. Visión compartida. La estrategia sirve para movilizar las empresas compuestas por equipos de personas, ó a nivel personal estamos compuestos de entornos familiares y amigos, ó a nivel institucional estamos compuestos de agentes políticos y sociales. Es decir, necesitamos compartir nuestras ideas con la ilusión de hacerlas mejores. Compartir para cualificar y no para decir que ya las he compartido.

Como se puede comprobar la labor del coach estratégico consiste en plantear el proceso de la triple A (Anticipación – Adaptación – Acción), establecer los principios para pensar estratégicamente (lo relativo – lo ambiguo y la confianza) y desarrollar las siete competencias del pensar estratégicamente (capacidad de cambio, sencillez, tolerancia a la ambigüedad, visión a largo plazo, flexibilidad mental, resiliencia y visión compartida). El coaching estratégico es un proceso muy motivante por su impacto organizacional y por el proceso de aprendizaje que implica. Una persona que empieza a pensar estratégicamente enseguida puede extrapolar esta forma a multitud de procesos mentales. En mi experiencia con diversos directivos (CEO´s, Directivos de Recursos Humanos, etc.) me agrada cuando el coachee haciendo ya de coach te empieza a preguntar: ¿Cuál es tu estrategia como coach en estos procesos?, es el momento donde surge una enorme sonrisa, porque el maestro recibe el mejor feedback del mundo, que el aprendiz se convierte en maestro.

Y para acabar como buen coach estratégico me gustaría realizar con una pregunta, porque ya sabéis quien mucho habla poco comunica y el que mucho pregunta siempre está comunicando. Y, por favor, espero que la contestación sea estratégica a mi pregunta vital: ¿Es estratégico tener ahora una estrategia?

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