Coaching y comunicación: Aprender y enseñar en el Siglo XXI

 En Artículo de fondo

Antolin Velasco. Socio Director BLC Human Coaching
Cuando reflexionamos sobre el modo de enseñar y aprender en la sociedad actual, no podemos por menos de dudar una y otra vez sobre si los métodos, los sistemas que utilizamos son los adecuados. Pero esa duda sobre los métodos y sistemas, se extiende también a los objetivos. Lo cierto es que no estamos satisfechos con los resultados que año tras año arrojan los métodos de medida de la calidad de la enseñanza, como por ejemplo el PISE, pero nos preguntamos si esos sistemas de medida miden de verdad lo que hay que medir o están midiendo otra cosa y como dice el refrán “Los árboles no nos dejan ver el bosque”.

Las preguntas que nos hacemos son: ¿Son adecuados los objetivos que nos planteamos en el sistema educativo? ¿Estamos consiguiendo que nuestros adolescentes y jóvenes estén preparados para afrontar los retos que les aguardan en el futuro?
Probablemente esas preguntas no tengan una única respuesta. Probablemente la respuesta exija un consenso previo sobre el tipo de sociedad que queremos construir y ese consenso no es nada sencillo de alcanzar.

En estos días ha habido en Europa cambios en tres gobiernos. En dos de ellos los llamados Mercados han presionado hasta conseguir un relevo en el gobierno, mediante el sencillo y eficaz sistema de encarecer el precio del dinero que esos países necesitan para financiarse, mediante el mensaje: O cambias de gobierno o te arruino. En el tercero, el nuestro, han sido los electores los que han optado por otro gobierno distinto del que ha gestionado la crisis con desastrosos resultados.

El motor de los mismos ha sido en los tres casos la crisis. Una crisis profunda, compleja, poliédrica, con múltiples caras y facetas y que ha puesto contra las cuerdas a la clase política de esos países. Una crisis que pone en cuestión los fundamentos económicos y políticos de nuestro mundo. Una crisis que sin embargo está haciendo reflexionar a la sociedad y que está moviendo a las personas y a las conciencias. Toda crisis encierra en si misma su oportunidad, toda crisis produce una catarsis, una situación en la sociedad en la que se vive se replantea los modos de hacer las cosas. Esto ha sido así desde los albores de la humanidad y es por eso que somos la especie elegida, la única especie capaz de adaptarse a las circunstancias y de aprender y de encontrar nuevos modos de hacer las cosas u nuevos modos de hacer nuevas cosas.

Si hay algo claro y definido en la sociedad actual es el cambio. El cambio es lo único inmutable. El Panta rei de Heráclito está de total actualidad. Lo que ahora cambia respecto a otros cambios es la velocidad y la extensión de los mismos. Con la utilización masiva de las tecnologías de la información y la comunicación (TIC) lo que se ha conseguido es incrementar de forma drástica la velocidad de los cambios y extenderlos a todo el planeta.
Un ejemplo, un servicio como la telefonía móvil, que utilizan en estos momentos más de 5000 millones de personas, ha tardado menos de 30 años en implantarse en todo el mundo. Internet como la red de redes es una de las manifestaciones más evidentes de este mundo globalizado en el que nos toca vivir. Es este un factor esencial para entender el mundo moderno. Por poner otro ejemplo, un continente como África ha pasado de tener 85 millones de móviles en 2005 a casi 400 en 2011, casi la mitad de su población. La pregunta ahora ahora sería, si las comunicaciones traerán a ese continente un poco de paz y prosperidad. Probablemente las comunicaciones son una condición necesaria para ello, pero no suficiente; falta la educación.

Somos 7000 millones de personas y nuestra función y responsabilidad, nuestro trabajo, por lo que nos pagan como profesores, es conseguir que los jóvenes y adolescentes españoles aprendan a vivir en ese mundo en el que ellos son uno de esos 7000 millones de seres humanos. El trabajo de los enseñantes , prefiero la palabra maestro, podría definirse como aquel que provee a los alumnos de una brújula con la que éstos son capaces de orientarse y navegar en el mundo que les toca vivir. Siguiendo con la metáfora de la brújula y la navegación, el maestro debe ser capaz de conseguir que el alumno elija el rumbo hacia el que quiere dirigirse. No es lo mismo un rumbo que otro. A veces, cuando hay viento en contra es preciso dirigirse a un rumbo dado para luego, tras un viraje o varios, alcanzar el destino deseado. En la travesía hay destinos fantasmas y cantos de sirena, que el alumno debe saber sortear. Asimismo suceden accidentes y hechos imprevistos, para los que el alumno deberá estar preparado. El alumno debe tener un oficio, algo en lo que destaque y que le guste. Eso de que e guste su trabajo es importante, ya que pasará en su trabajo ⅓ o mas de su vida. El alumno debe saber expresarse tanto de forma verbal como escrita y hacerse entender. Habrá momentos de grandes calmas, en los que hay que cultivar la paciencia y la espera y momentos de tempestades y temporales que hay que saber capear. También durante la travesía hay oportunidad de ejercer la solidaridad con otras embarcaciones necesitadas y de defenderse de piratas y berberiscos dispuestos a llevarse el botín.

Solamente en Internet hay muchos más conocimientos accesibles de lo que cualquiera de nosotros puede asimilar en toda su vida. Esos conocimientos se multiplican de forma exponencial y además muchos de ellos están a disposición de las personas que sepan encontrarlos, a un solo click. El papel del maestro debe por lo tanto adaptarse a esa nueva situación. Es un papel que se asemeja más al de Coach que al de impartidor o distribuidor de recetas y conocimientos. Es un papel que debe tratar de hacer las preguntas oportunas para que el alumno busque su propia respuesta. Un papel que se basa en la confianza en que el alumno tiene la respuesta y la capacidad para encontrarla, un papel que inspira, que sugiere, que orienta pero que tiene la humildad suficiente para echarse a un lado y dejar el protagonismo al alumno.

Ese alumno deberá con seguridad cambiar de trabajo hasta 5 veces en promedio a lo largo de su vida, quizás tenga en ocasiones que crear su propia empresa o erigirse como trabajador autónomo, deberá adaptarse a trabajar en equipo, con el que es muy posible que trabaje de forma virtual, deberá desarrollar competencias tales como saber escuchar, saber comunicar, saber motivar. El rol del maestro por lo tanto podría asemejarse al papel del coach, cuando se sienta con su cliente para explorar sus objetivos y poner en marcha los planes de acción para conseguirlos.

Además de esto el maestro debe hacer ese trabajo en un grupo de alumnos, un grupo que tiene que aprender a gestionar, que tiene que convertir a lo largo del curso en un equipo. El maestro debe por tanto ejercitar sus habilidades de comunicación, de plasmar de forma sencilla y pedagógica los objetivos a alcanzar, de definir los roles a jugar, de dirimir los conflictos que inevitablemente se van a producir y negociar soluciones razonables a los mismos. El maestro deberá conseguir la colaboración del grupo de alumnos, colaboración obtenida de forma voluntaria y también basada en la confianza mutua, en un contrato no escrito por el que el alumno se compromete a participar y el profesor a aportar todos sus conocimientos y experiencias. En este caso, el maestro deberá ejercitar sus habilidades de liderazgo y de comunicador, un liderazgo basado más en su autoridad, la “autoritas” romana que en el poder que le otorga su rol en la sociedad.

No es fácil, ni mucho menos y por lo que se ve en este tema apenas hemos avanzado en nuestros años de democracia. No es tarea solo de los maestros y autoridades académicas, esa tarea, la de ayudar a los maestros a recuperar su “autoritas”, la tienen que hacer ellos mismos, pero es también responsabilidad del conjunto de la sociedad. Los padres, los partidos politicos y sindicatos, los medios, a todos nos toca arrimar el hombro en esa tarea. Volviendo otra vez al comienzo de mi intervención, el objetivo del sistema educativo no debe ser tanto el de aportar un vademécum de conocimientos sino más bien el de conseguir que el alumno aprenda a orientarse en este mundo que cambia tan deprisa, sin perderse y reconociéndose como persona, sacando de ´si mismo todo lo mejor.

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