El coaching estratégico. Detenerse para pensar

 En Crecer con el coaching

Soy de la opinión de que a pesar de contar entre nuestras filas algunas de las más prestigiosas escuelas de negocio del mundo, la calidad de la gestión directiva en nuestro país es manifiestamente mejorable, por no decir deplorable. Mi tesis es que una buena parte de la responsabilidad de esta recesión en la que hemos entrado y aun no hemos salido, a pesar de los que digan unos y otros, se debe a que tenemos unos directivos que no lo saben hacer (que no lo sabemos hacer) suficientemente bien.

Hay razones estructurales, políticas (qué decir de los políticos), culturales, financieras que se pueden argüir, pero no estaría de más que entre esas razones y en mi opinión con un peso muy relevante se reconociera que los directivos españoles no gestionan adecuadamente las empresas, vamos que lo hacen mal.

Como es este un melón demasiado grande, voy a hacer una cata del mismo refiriéndome exclusivamente a la estrategia, o sea a la capacidad que deben tener las empresas de anticiparse, prever, explorar nuevas areas e ideas, intentar entender el mundo que les rodea y planificar, dibujar un escenario creible y conseguir con el mismo que se ilusionen el conjunto de los colaboradores de la empresa para a su vez poner en marcha los planes previstos.

Pocas ha sido las empresas españolas que hicieron esas previsiones en su momento y a esas son las que las cosas le van ahora relativamente bien. Algunas de ellas tomaron por ejemplo la decisión de explorar otros mercados. Gracias a que lo hicieron las exportaciones están en este momento tirando del resto de la economía y son un motivo de esperanza.

Con alguno de los clientes de coaching que he tenido en los últimos meses hablo esencialmente de temas de estrategia empresarial, naturalmente porque es el tema que al cliente le interesa. En las sesiones se produce un espacio en el que hay un tiempo de calidad para pensar, un tiempo en el que el cliente reflexiona con sosiego y en un ambiente distendido y sobre todo con total libertad sobre las distintas alternativas que se le plantean, alternativas de negocio que se pueden plasmar con distintas formas empresariales, ya sea en forma de alianzas, colaboraciones, adquisiciones o al revés, ya que también se plantean situaciones de desinversión o de ruptura de acuerdos y alianzas. En otras ocasiones las conversaciones se centran en temas comerciales, clientes, mercados, comunicación. El Coach sirve de espejo para la reflexión del cliente, no es el experto en el tema, pero esa reflexión debe ser inteligente y debe aportar valor, de forma que le permita al cliente ir avanzando en su propio camino.

En todas estas alternativas, además de los aspectos del negocio que se traten hay aspectos emocionales muy importantes, que el Coach debe tratar. Hay muchos egos grandes entre los responsables de las empresas que en no pocas ocasiones, son determinantes a la hora de tomar decisiones, hay mucho director general con un complejo de Narciso que no puede con él, hay mucha visceralidad disfrazada de negocios. La cualidades que predicamos los coaches de escuchar, comunicar, dar feedback, preguntar, evitar la prepotencia y las reacciones inmediatas y poco meditadas, valor y honestidad, humildad… siguen siendo las medicinas más eficaces en la mayoría de las ocasiones.

Sigo pensando que para ser un buen coach ejecutivo hay que haber trabajado como directivo y durante algún tiempo en una o varias empresas. Sé que este es un tema controvertido en el que algunos de mis colegas piensan otra cosa y creen que un universitario recién titulado o un profesor de universidad que nunca ha pisado una empresa puede ser un buen coach. No lo veo así. Mi opinión es que esa reflexión de calidad de la que he hablado antes, se produce si el coach ha vivido y experimentado en carne propia lo que es una empresa, si ha tomado decisiones acertadas o equivocadas, si tiene interiorizados los mecanismos habituales que se producen en las organizaciones y grupos y por descontado si conoce los sistemas de gestión y herramientas de los diferentes departamentos de una empresa.

Queda por escribir en la historia de estos años de ignominia, en los que hemos visto derrumbarse algo más que muchas empresas, en los que la recesión se ha llevado por delante vidas e ilusiones, además de riqueza y bienestar, pero de los que si somos inteligentes habremos aprendido muchas cosas. Espero que una de ellas haya sido la de pararse a pensar.

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