El éxito del coaching

 En Crecer con el coaching

La fusión del “yo herido” y el “yo famoso”

El yo moderno necesita constantemente de la intervención terapéutica, es un yo herido emocionalmente, aunque se dice que la cultura terapéutica crea una sociedad narcisista, egoísta e introspectiva, que se centra más en el yo que en el nosotros, y en vez de liberar a los individuos de sus preocupaciones los atrapa en una gama cada vez mayor de patologías.

A ello hay que añadirle el imperativo de felicidad que nos llega en forma de bombardeo mediante la publicidad, la TV, el cine y las demandas sociales, generando con frecuencia una mayor insatisfacción y sentimiento de fracaso.

Gran parte del trabajo que se hace en el coaching ejecutivo gira alrededor de la productividad y de los objetivos organizacionales, pero los coaches suelen verse confrontados además con una parte herida del ejecutivo que revela un problema del yo que hay que resolver.

Los coach confiados y experimentados permiten que todas las cuestiones salgan a la superficie, incluyendo el yo herido. La diferencia en el coaching es que el coach no lo busca activamente ni tampoco hace regresar al coachee a su pasado para revelar ese yo herido como podría hacerlo el terapeuta. Las marcas tradicionales de la psicoterapia: dependencia, regresión y reparación son remplazadas por el trabajo de coaching que fomenta la autonomía y el compromiso proactivo por encima del insight profundo, como una manera de manejar el yo herido.

De otro lado, el yo famoso, refleja una visión más positiva del individuo que la que floreció en la década de los 60 del pasado siglo, con la ‘vuelta a la subjetividad’, el auge del nuevo individualismo, centrado en la vida interior, dando a entender que la identidad individual era algo a celebrar, inspirado por la generación Beat, y el movimiento de potencial humano de Rogers, Maslow y otros.

El yo famoso ofrece una optimización esperanzada del yo, el potencial para crecer y mejorar nuestra felicidad y bienestar, convirtiéndose la terapia en una nueva religión.

El yo famoso es un fenómeno de la cultura occidental fomentado por las ideologías occidentales del individualismo, el consumismo y la elección. Los posmodernos como Foucault, no celebran estrictamente el yo, sino que ‘de-construyen’ las limitaciones del yo, argumentando que por ejemplo la diferencia entre géneros es tan biológica como socialmente construida.

El coaching: la fusión del yo herido y el yo famoso

El coaching aporta algunas experiencias y técnicas de la terapia que permiten a los coach trabajar sobre el yo herido, pero el éxito real se da al incorporar el foco sobre el yo famoso, lo que ha convertido al coaching en algo mas marketiniano y accesible, encontrando recursos para progresar sin tener que reconocer abiertamente los demonios interiores. Se requería, pues, un nuevo experto para pastorear la oveja descarriada.

Desde finales del siglo veinte el trabajo se ha hecho más globalizado, digitalizado y también alienante. Los empleados no solo usan sus manos o su inteligencia sino que además usan sus identidades, emociones y subjetividad para asumir múltiples roles y enfrentar nuevas complejidades. El problema era que la cultura del trabajo no dejaba lugar a la retórica de la disfunción o el fracaso. Había que mantener en casa al yo herido.

Asi, el coaching llenó el hueco, logrando un puente entre el yo herido y el famoso. La cultura popular (encarnada por programas como el de Oprah Winfrey en USA, o los ‘realities’ en medio mundo) y la cultura terapéutica producen dos yoes: uno famoso que ha de ser alimentado y otro herido que necesita de reparación constante. El coaching funciona entre esos dos polos.

En el coaching hay un gran espacio liberador para trabajar, donde puede realizarse una tarea en profundidad con los coachees, además de que consigan sus metas personales y organizacionales. Esto crea un espacio único, un espacio vital y dinámico que permite que la creatividad emerja, donde otras ‘relaciones de ayuda’ a menudo cargan con culturas más restrictivas como la terapia, p.e., lastrada por la retórica de la patología, o la psicología por el empirismo, la técnica y la medición y las instituciones que velan por la psicoterapia que son proteccionistas y fomentan un pensamiento con aversión al riesgo, en vez de ofrecer una visión generativa.

El coaching abre un nuevo espacio para trabajar, lleno de potencial, un ‘confesionario posmoderno’, un lugar de solaz en un entorno social desconcertante, y a la vez un espacio comprometido donde puede ocurrir el cambio dinámico y un nuevo pensamiento estratégico.

Pero el coaching carece de una base teórica robusta.

El coaching evangelizador ha sido un sueño de marquetinero y el éxito del coaching puede encontrarse en todas partes. Se oye menos hablar de sus desafíos y limitaciones.

El coaching revisado desde una posición etnográfica es una reformulación de la conversación sanadora de Freud, puesto que la conversación es el modus operandi del coach y su método de trabajo es la diada conversacional y confidencial, replicando el emparejamiento de la terapia.

El peligro actual es que el coaching sea colonizado por las teorías y los códigos profesionales de la psicología, la psicoterapia y el gerencialismo, al tratar de legitimarse. El coaching abre un espacio nuevo que puede llevar a un importante desarrollo personal y del trabajo.

¿Por qué el coaching y ahora?¿Por qué el coaching se ha expandido tan rápidamente y a qué fin sirve en el mundo del trabajo?

El análisis detallado y crítico financiero pone en duda la eficiencia del coaching, algo obvio para la academia psicologista, buscando el retorno de la inversión, el ROI, lo que ha llevado a tratar de demostrar su eficacia mediante la investigación basada en evidencias. El peligro de este enfoque es reducir el coaching a una práctica funcional e instrumental.

Pero ¿qué factores sociales y organizacionales han conducido a la inversión masiva durante la pasada década?

Para responder a esta pregunta hay que pensar cómo el coaching basado en el trabajo se relaciona con el crecimiento en el life- coaching, la TV confesionario y el auge creciente de la cultura de terapia en todos los ámbitos de nuestra vida. Nuevas organizaciones y nuevas formas de trabajo requieren nuevos recursos teóricos y nuevos enfoques para gestionar, dirigir y organizar. El coaching ha de mirar fuera de sus fronteras y las de la psicoterapia y el deporte, sobre las que se apoya en demasía en la actualidad.

El crecimiento del coaching está claramente vinculado con la transformación basada en el conocimiento del trabajo y las organizaciones.

¿Se usa el coaching como una herramienta para apoyar un sistema disfuncional y problemático que requiere re-pensarlo más que sostenerlo? ¿O el coaching proporciona un espacio vital de reflexión en el que los individuos pueden ser más humanos, considerados, creativos y estratégicos en el trabajo?

El peligro que corre el coaching es morir de éxito, lo que requiere una buena fundamentación teórica, ética y crítica. Para ello hay que tener en cuenta algunos obstáculos. Entre ellos y no es el menor que la fraternidad del coaching no está predispuesta a la teoría o al pensamiento crítico. Los coach por lo general prefieren la práctica a la teoría o la filosofía, lo simple y directo (el enfoque GROW o la PNL) a algo más complejo y retador. Se prefieren los enfoques positivistas a los críticos o los sistémicos, y los individualistas a los entendimientos sociales o estructurales.

Publicaciones recientes

Uso de cookies

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Para mayor información revise nuestra política de cookies.

ACEPTAR
Aviso de cookies