En tiempos de rol confuso

 En Tendencias del coaching

Hace ahora diez años cuando publicamos el libro “Coaching: Mitos y realidades” me hicieron una pregunta típica: ¿El Coaching es una moda o una realidad? Yo les contesté desde mi profunda convicción humana, que al ser unas técnicas basadas en la naturaleza humana de la comunicación, estaban para quedarse.

Hete aquí que diez años después no se discute el coaching como una actividad beneficiosa para la empresa y es una alternativa muy lícita junto a la consultoría y la formación como herramientas de cambio organizacional.

En este camino se han cometido los excesos de los pioneros, los titubeos de los osados y también, gracias a Dios, la claridad de los profesionales que han cimentado que esta técnica sea un modelo de intervención personal con impacto organizacional. Como decía Quevedo: “Lo nuevo sube a los príncipes con bravata de rayo” y a veces, nos encontramos con directivos que defienden más la profesión que los propios profesionales.

Podemos decir, que la “profesión” del coach ha sido aceptada pero ahora es el momento del prestigio. El desarrollo futuro pasa por generar prestigio a través de best practice, máxima profesionalización y formación continua pero, ante todo, clarificando el rol. Creo que una labor imperiosa es que aquellos que creemos y trabajamos el Coaching podemos ayudar a establecer nuestro rol profesional. No hace falta griterío de escuelas, de límites con otras profesiones, de asociacionismo caduco sino de apostar por un “corpus” de ideas comunes, experiencias exitosas y, ante todo, del prestigio que decanta los profesionales con seguridad técnica.

Si queremos que el Coaching se cimente como intervención, debemos aprender de la consultoría y la formación. Yo no veo escuelas en la consultoría, ni cotos profesionales, ni encorsetamiento asociacionista sino que veo gente que destaca por su profesionalidad, por el éxito en sus intervenciones y el impacto que produce en la empresa. Igualmente en la formación, cuando se busca un formador se analiza su experiencia, sus éxitos y sus referencias. Por eso me refiero que estamos en tiempos de rol confuso, hemos pasado de no tener rol a tener un rol que debe ganarse el prestigio.

Debemos dejar de mirarnos en el espejo, como decía Andy Warhol:”No me miro jamás al espejo porque no se ve nada”, superar encuentros entre coachs, reuniones entre coachs, congresos entre coachs, etc., sino más bien abrirnos a la sociedad y a las empresas. Debemos poner encima de la mesa: casos, vivencias, realidades y actuaciones que generen prestigio social del rol. Como decía Azorín sobre lo que debe ser un político: “Cuesta mucho hablar bien, pero cuesta tanto el escuchar con discreción”. Escuchemos a los directivos, a los coachees y los demás profesionales y fomentemos intervenciones de impacto social en vez de encerrarnos con nuestro propio juguete que es el Coaching.

En este sentido, apunto cuatro reflexiones para intentar ayudar a clarificar nuestro rol porque estoy convencido que este ejercicio es idóneo en este momento, porque ya tenemos espacio, pero su amplitud e influencia depende de nuestra capacidad de dar prestigio a nuestro rol. Estas reflexiones sobre cuatro debates estériles pretenden dar ideas para superarlo:

  • Coaching/Escuela de Coaching: Cuando no existe un conocimiento científico válido, afloran las Escuelas diferentes y en Coaching tenemos un falso debate de disputas según las escuelas de Coaching. En multitud de ocasiones, cuando haces un análisis racional te das cuenta que las Escuelas se diferencian por donde ponen el énfasis, pero casi todas podrían convivir.

    A mí me parece poco profesional abordar el mundo empresarial con visiones diferentes, es mejor basarnos en lo específico que crear un corpus teórico común. La integración de las Escuelas es una tendencia que nos ayuda a crear prestigio. En consultoría y en formación nadie se encierra en una sola Escuela, es más, integran aportaciones de diversas teorías con el fin último de ser más eficaces. Muchas veces parece que las Escuelas son estrategias diferenciales propias de profesionales que venden lo diferente en vez de centrarse en lo eficaz. Yo propondría, aunque sé que es utópico, un movimiento de Coaching ecléctico, integrador y, ante todo, eficaz para ir a las empresas con un discurso de rol más integral e integrado.

  • Coaching/Titulación: ¿Cuándo vamos a superar este debate empequeñecedor?, ¿Se le pregunta a un consultor o a un formador que titulación tiene? Creo que el Coaching no es exclusivo de ninguna titulación, aunque como psicólogo que soy creo que mi titulación es más cercana. Pero ante todo soy psicólogo, y a veces soy consultor, o formador, o coach, es decir tenemos la enorme suerte de tener diferentes facetas de nuestra titulación. Exclusivismo formativo me parece un insulto a la inteligencia y solamente el prestigio decantaría qué profesiones son las más adecuadas por su formación e historia para ser un coach eficaz y de impacto empresarial. No pongamos puertas al campo o como decía Julio Cortázar:” Hay caminos que ya nadie los recorre salvo el crepúsculo”. Esperemos que este debate estéril no nos lleve a un crepúsculo.

  • Coaching/Asociación: Hace poco en un debate en el Colegio de Psicólogos tuve la ocasión de comprobar como el discurso de las cuatro asociaciones de Coaching era similar, más bien idéntico. Y mi pregunta de palentino fue: ¿Y porque no hay una única asociación? Tras diferentes intervenciones me quedé sin tener contestación. Es legítimo el asociacionismo pero sin intereses económicos. Tras más de 20 años en multitud de asociaciones siempre compruebo que en España rige el principio: “hay que estar para pillar algo”, que me parece propio del bandolerismo español del S. XIX. Hay que homogeneizar por calidad, exigencias de resultados, no sólo homologar formaciones y, ante todo, poner foco en lo que el Coaching aporta a la sociedad y no estar mirando en un espejo continuo.

  • Coaching/Formadores de coach: Es lógico que en una primera época proliferen escuelas de formación en Coaching ya que todos sabemos el ritmo de adaptación de la academia a la realidad. Pero debemos dar un salto cualitativo y huir de la proliferación de multitud de escuelas como negocio propio. El Coaching (como la consultoría y la formación) es un conocimiento experiencial, de sabiduría, de ensayo y error y no creo en Escuelas de Negocios de Coaching sino en el aprendiz (coach futuro) cercano al maestro (coachs actuales), por tanto la empresa puede ir formando profesionales pero no centrarnos en Escuelas de Coaching. Para tener un mejor rol debemos prestigiar nuestra formación, no por su teoría sino por su práctica. No estoy en contra de la formación inicial en Coaching sino en el negocio de formar a parados ilustrados (y con dinero) sin tener en cuenta si tienen aptitudes para ser coachs.

En fin, creo que para disponer un rol más útil debemos superar estos debates inútiles de las Escuelas, titulación, asociación y formación, porque la actividad del Coaching es potente per se, y un buen profesional formado en la experiencia e integrando las cosas buenas de cada Escuela de Coaching es eficaz, evitamos preguntarnos qué titulación tiene o si pertenece a la asociación X o Z. Y para acabar voy a aplicar una frase que un gran gurú, Groucho Marx, aplicó a la política pero a veces creo que en Coaching estamos haciéndolo, decía Groucho:” El arte de buscar problemas es la política, encontrarlos, hacer un diagnóstico falso y aplicar después los remedios equivocados”.

No nos equivoquemos, tenemos una gran oportunidad para aportar a la sociedad una gran herramienta de cambio como es el Coaching. Por tanto los primeros que tenemos que cambiar somos nosotros.

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