La confianza: Cómo la creamos y por qué la otorgamos

 En Artículo de fondo, Rincón del Coach

La confianza, según la primera acepción del RAE, es la esperanza firme que se tiene de alguien o algo, y es un concepto, que últimamente vengo escuchando con relativa frecuencia, que los españoles debemos recuperar necesariamente para salir de la crisis en que nuestro país está sumido.

Por eso, he querido reflexionar sobre cómo se puede generar la confianza, así como a quién y por qué se la otorgamos, de manera que, a partir de ello, pudiera comprender cuando y en quien debemos depositarla.

Además, he considerado interesante reflexionar sobre este concepto, como coach en ejercicio, porque asumo que la eficacia de un proceso de coaching es tanto mayor cuanto más confianza mutua existe entre las dos partes intervinientes, siendo precisamente el coach quien ha de generar ese clima y, por tanto, debe entender bien cómo estimularlo.

Por qué necesitamos depositar la confianza en otros

Posiblemente existan varias causas, pero creo que la razón fundamental por la que precisamos depositar la confianza en alguien o algo es porque nos encontramos ante alguna dificultad o problema que no somos capaces de solventar por nosotros mismos y pensamos que podemos superarlo con la ayuda externa de otros.

¿Qué se puede deducir de lo anterior, considerando que los humanos somos seres limitados, aunque perfectibles?

En primer lugar que reconocemos cuáles son nuestras limitaciones y en segundo lugar, que podemos tratar de buscar ayuda externa para superarlas, al tiempo que aprendemos algo nuevo que mejorará sin duda nuestra capacitación de cara al futuro1.

Por tanto, podría decirse que cuanto mayor sea nuestra competencia (tanto la relacionada con los comportamientos, como la de los conocimientos), menor será la necesidad de buscar ayuda externa para solucionar los problemas y dificultades que se nos presentan en la vida y, por tanto, de depositar nuestra confianza en otras personas. De esta manera, mi tesis es que las personas cuánto mejor preparadas están, tienen más autoestima, autoconfianza y seguridad en sí mismos y, por tanto, precisarán menos depositar la confianza en otras personas; no obstante y debido a que siempre nos encontraremos con alguna nueva limitación, siempre habremos de confiar en los que nos rodean, al menos para garantizar nuestra seguridad y mayor confort de vida.

Dicho lo anterior, podría deducirse erróneamente que este proceso es sencillo, pero no es así por las siguientes razones:

  1. Si no estamos habituados a reflexionar sobre cómo somos realmente nosotros mismos, es muy posible que nos resulte complicado establecer cuáles son nuestras propias limitaciones, bien porque nos resulte difícil reconocerlas por tener un exceso de autoestima, bien porque, en sentido contrario, nada más veamos nuestras debilidades y ninguna de nuestras fortalezas que, a buen seguro, siempre tenemos.

  2. Hay que considerar que la búsqueda de la ayuda externa lleva consigo la toma de una decisión previa por parte de la persona que la requiera: Asumir que hay una entidad externa que puede ayudarnos. En efecto, ocasionalmente, aunque creo que con mayor frecuencia de la deseada, ocurre que no solicitamos ayuda externa fundamentalmente por la falsa idea de que al descubrir a otros nuestras propias limitaciones, ello puede hacernos más vulnerables o, simplemente, no lo hacemos por impedírnoslo nuestro orgullo.

  3. Una vez decidido dar el paso de buscar la ayuda, surge la nueva dificultad de saber qué entidad es realmente la mejor para prestárnosla. En definitiva, decidir en quien podemos otorgar nuestra confianza, cuestión que se aborda en el siguiente apartado.

Consideraciones para otorgar la confianza o cómo generamos confianza a los demás

Al buscar ayuda externa para resolver una determinada dificultad, hemos de elegir entre ellas la mejor, aplicando ciertos criterios y no solo la intuición. Surge entonces la pregunta: ¿Cómo decidimos cuál es la mejor?

Para efectuar dicha elección, contamos normalmente con las expectativas (entendida como la posibilidad razonable de que algo suceda) que cada alternativa nos ofrecen, de manera que para el caso que nos ocupa, la confianza la otorgaremos a quien nos ofrezca mayor garantía de ayuda, es decir, mayor expectativa.

De otra parte, hay que recordar que la expectativa de una entidad se genera por conocer previamente su existencia y, además, por tener alguna experiencia o noticia sobre cómo se ha desempeñado en el pasado ante otras situaciones, que consideramos idénticas o similares.

Por tanto, ¿qué consideramos a la hora de valorar las expectativas? Mi tesis es que para confiar en algo o en alguien evaluamos las expectativas en base a la credibilidad y la eficacia que nos merecen los posibles candidatos, debiendo significar también que las valoraciones que hagamos de ambos conceptos (credibilidad y eficacia) son, en cierta modo, subjetivas y, por tanto, la fiabilidad de la decisión que adoptemos, en base a ellas, no puede ser absoluta, aunque puede minimizarse el impacto de error, como seguidamente trataré de explicar, respondiendo a las siguientes cuestiones: ¿Cómo se genera credibilidad? y ¿cómo se proyecta eficacia?

La credibilidad

Para el caso de una persona u organización, la credibilidad que tenemos sobre ellas está basada en lo que percibimos de su reputación como persona veraz, entendida como el prestigio de alguien derivado de la cualidad de decir y obrar conforme a la verdad, y de su coherencia, entendida como la relación lógica entre la forma de pensar y la de actuar.

La reputación se conforma por la valoración que posea sobre:

  • la honorabilidad, cualidad de lo que merece ser honrado o aceptado,

  • la honestidad, es decir la decencia y moderación en las acciones y palabras, y

  • la lealtad o cumplimiento de la fidelidad diciendo lo que se debe saber, guste o no.

Todas ellas basadas en la experiencia propia o ajena, comunicada por otras personas de nuestro entorno, tal como antes he comentado. Por ello, se deduce que la veracidad que creemos que tienen otras personas es también algo subjetivo, ya que se trata de una percepción personal que está además influenciada por los valores y la ética de cada uno. De aquí, la importancia de la educación (cívica y cultural) en el sentido de que cuanta mayor y de más calidad sea aquella, la percepción de la veracidad que tengamos de los demás será tanto más ajustada a la realidad, circunstancia que tiene gran importancia y que se contrapone con el hecho, adoptado por comodidad o por el qué dirán, de conceder con cierta frecuencia nuestro beneplácito a otras personas simplemente por lo que nos dicen de ellas, sin realmente detenernos a pensar cuánto hay de cierto en esa información.

En cuanto a la coherencia, creo que se conforma en base a la capacidad de la persona o grupo de ellas para generar ideas, su habilidad para comunicarlas eficazmente para persuadir y el poder que tenga para influir y llevarlas a la práctica. Seguidamente, expongo unas consideraciones sobre las habilidades precisas para cada una de esas capacidades.

  • Generación de ideas: En mi opinión, se precisa tener dosis de creatividad, estar predispuesto para la innovación y acreditar experiencia en relación al problema o dificultad para el que se solicita la ayuda.

  • Comunicación: Para que sea eficaz es preciso haber practicado correctamente la escucha activa y tener suficiente empatía para entender la situación de la persona peticionaria de ayuda y elaborar un discurso positivo y consecuente con la dificultad que se plantea; ser asertivo, cuando sea caso necesario, persuasivo y entusiasta a la hora de exponer la solución del problema en cuestión, al tiempo que se transmite optimismo y se recaba también el apoyo del peticionario de la ayuda2.

  • Poder: Las competencias relacionadas con esta capacidad entiendo que tienen que ver con la habilidad de liderar e influir, si fuera necesario, a otras personas para desarrollar las acciones precisas para solventar dificultades, así como que disponga de la energía o resolución y el tesón necesario para superarlas.

Al igual que pasa con la veracidad, la percepción que tengamos sobre la coherencia de la persona o personas, es también subjetiva y basada en nuestra experiencia propia o ajena; por ello su evaluación será tanto más certera cuánto mejor sea nuestro sentido crítico y nuestra capacidad de análisis.

La eficacia

Para evaluar la eficacia resolutiva de una persona o grupo de ellas, deben observarse los resultados demostrados en anteriores situaciones similares y, en este sentido, debemos considerar fundamentalmente:

  • El grado de conocimiento no sólo de aspectos culturales y técnicos, sino principalmente en lo referente a la gestión de proyectos, y

  • La visión, entendida como la capacidad de interpretar nuestro entorno a la luz de los datos disponibles en relación a una cuestión que hay que resolver, para prever la tendencia e imaginar una nueva situación en la que aquella está superada.

Como en el caso de la coherencia, expondré a continuación algunas consideraciones relativas a los dos conceptos antes mencionados:

  • Respecto al conocimiento, nos centraremos en la capacidad de la persona o grupo de ellas para gestionar proyectos y, por ende, de los recursos puestos en juego para su ejecución. Consecuentemente, las habilidades de análisis y síntesis, planificación y ejecución, incluyendo también la coordinación de esfuerzos, la supervisión del desarrollo plan y, por supuesto, el nivel de capacitación cultural y técnica.

  • En cuanto a la visión, además de tener capacidad de análisis y síntesis para interpretar las condiciones del entorno, es necesario tener imaginación y optimismo para proyectar uno nuevo ideal, donde estén resueltos los problemas y dificultades de la situación de partida.

Quizá sea oportuno reseñar que podría pensarse que la evaluación de la eficacia, a diferencia de la credibilidad, sea más fácil realizarla de modo más objetivo, considerando simplemente la memoria histórica (propia y ajena) de las obras y resultados de la persona o grupo de ellas que sometemos a juicio. Sin embargo, en mi opinión, ello sólo es posible si el evaluador tiene suficiente autocontrol emocional y empatía para:

  • Saber dónde buscar y cómo encontrar la información necesaria.

  • Tener capacidad de crítica para filtrar no sólo los datos históricos, sino principalmente sacar deducciones de las condiciones del entorno en el momento que se desarrolló la acción sometida a juicio, y

  • No dejarse influir por factores externos a la hora de realizar la evaluación.

A modo de conclusión

Por lo expuesto, puede deducirse que el proceso de otorgar la confianza a otros es difícil, lo mismo que el proceso inverso de generarla y proyectarla a los demás. No obstante, lo cierto es que ambos procesos los desarrollamos muchas veces de manera automática e inconsciente, es decir sin pensar en todas las consideraciones y conceptos expuestos en este documento, por creer, quizá con más frecuencia de la conveniente, que sólo es necesario considerar la experiencia tenida en haber confiado en otras personas, sin tener presente las circunstancias de esas ocasiones y situaciones anteriores.

Precisamente, creo que el hecho de conceder la confianza de modo poco reflexivo, así como no actuar teniendo presente los aspectos que generan la credibilidad, pueden ser causas de la desconfianza generalizada existente en la sociedad actual, situación derivada muy probablemente de que nos hayamos sentido frustrados alguna vez por haber confiado en algo o alguien que luego no ha satisfecho las expectativas que teníamos en ellas, dándose probablemente la circunstancia adicional de que les hemos imputado la responsabilidad de esa insatisfacción para evadir la nuestra propia derivada de haber decidido libre y de manera irreflexiva otorgarles nuestra confianza, cuando también es probable que debiéramos haber agradecido la colaboración recibida, a pesar de que el resultado no haya sido el esperado.

En consecuencia, es importante asumir que la referida decisión debe realizarse de manera libre y consciente, considerando además que al confiar en otro, no debemos ceder nuestra iniciativa, ni nuestro esfuerzo para conseguir la meta que pretendemos, ya que si así fuera, hacemos dejación de nuestra libertad de acción y de nuestra obligación de ser responsables de nuestros actos.

Igualmente, también es importante tener presente cómo se puede mejorar la credibilidad hacia los demás, de manera que las actuaciones que realicemos sean consecuentes con este objetivo, evitando así frustrar las expectativas de los demás, porque ello generará desconfianza y recelo en todo lo que después hagamos.

Por último, destacar que cómo son bastantes los sentimientos y comportamientos relacionados con la confianza, al pulirlos se producirá también una mejora en los procesos de concesión y generación de aquella. Por ello y en el caso de que decidamos llevar a cabo un plan para mejorarlos, es recomendable acudir a un life coach para que nos acompañe y supervise la ejecución del mismo.

1 También puede suceder que recurramos a la ayuda externa por comodidad sin pensar siquiera si tenemos algún tipo de limitación que nos impida resolver esa dificultad o problema por nosotros mismos. Si ello fuera el caso, la persona que obrara así debería reconocerlo y rectificar su forma de actuar para reconocer lealmente sus propias limitaciones reales.

2 Es importante reseñar que la persona que otorga la confianza a otro/s para solucionar alguna dificultad o problema también forma parte de los recursos puestos en juego para solucionarlo, es decir, no puede inhibirse en el desarrollo de las acciones que comporta la solución porque confíe en los demás. Recordemos lo que dice el refrán castellano: “A Dios rogando y con el mazo dando”.    

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