La práctica del Coaching II

 En Casos

Un mes más tarde…

El sonido de la lluvia golpeando con fuerza en la persiana me despertó de repente. Me había quedado hasta tarde preparando las sesiones de hoy, pero decidí que había descansado suficiente y quise leer un poco antes de que se levantasen los niños. De camino a la oficina aproveché para conocer las noticias del día, parecía que el panorama económico se mantenía estable y que financieramente la mejora internacional arrastraba una mejora en éste ámbito en el país. Sonreí, aunque cierto escepticismo paseó por mis pensamientos.

Estupenda mañana de otoño, lluviosa y fresca, pensé… -¿Qué tal estará Lucía? Espero que no pille mucho atasco ésta mañana.

Cuando entraba en el edificio de oficinas me la encontré:

-¡Hola Lucía! ¡Vaya, qué madrugadora!

-Sí, he preferido venir un poquito antes, si no te importa, para evitar el atasco.

-Bien, si quieres podemos tomar un café antes de comenzar nuestra sesión.

Me comentó que había llegado el día antes a Madrid para ver una función de teatro y que se había quedado a dormir en casa de una amiga.

Comenzamos la sesión a la hora convenida. En el tiempo transcurrido desde que tuvimos la primera sesión habíamos mantenido contacto vía mail y le había enviado el feedback-espejo-recordatorio de las acciones que se había propuesto realizar.

-Lucía, cuéntame.

-Bien, la verdad es que he preparado unas notas.

Lucía sacó del bolso la pequeña libreta blanca y azul que le había facilitado al finalizar nuestra reunión inicial para sus anotaciones y reflexiones respecto a los objetivos y las acciones que se había propuesto.

Me dirigió una mirada franca, serena y directa y continuó.

-Quiero decirte que me fue de gran utilidad el feedback que me enviaste. Me recordó lo que habíamos tratado durante la sesión. Me gustó ver mis palabras reflejadas en el texto. Me hicieron reflexionar las anotaciones que hiciste de forma literal.

Abrió su libreta y me enseñó la hoja impresa del feedback que le había enviado quince días antes. Añadió,

-Quedamos en la primera sesión que podía comenzar a trabajar en ser menos crítica con los demás. Me ayudará a ser menos crítica conmigo misma y potenciará mi desarrollo tanto personal como profesional.

Asentí. –Excelente resumen, sonreí.

Lucía continuó.

-Hablamos de que en las reuniones podría ponerme como ejercicio el escuchar a las personas con buenos ojos. Y, tomar anotaciones después de la reunión, podría ayudarme a recordar tanto el objeto de la reunión, como a comprobar en qué medida soy capaz de llevar a cabo el ejercicio.

Respiró hondo, miró sus anotaciones y me miró a los ojos.

-Tengo un montón de dudas y me han surgido un montón de preguntas que me gustaría hacerte.

Durante el tiempo transcurrido entre sesiones, Lucía había llevado a cabo las acciones que se había propuesto, y esto le había generado dudas, le había llevado a cuestionarse valores morales y a preguntarse si lo que estaba haciendo estaba bien.

-Cuéntame Lucía.

-He tenido varias reuniones desde la primera sesión en las que he podido practicar lo que habíamos hablado.

-¿Has conseguido escuchar a las personas con buenos ojos?

-Sí, aunque me ha costado mucho. El tomar anotaciones después de la reunión me ha ayudado un montón a seguir adelante. Lo que he anotado es el grado de concentración en lo que la otra persona estaba diciendo, si era bueno, normal o malo, y, por otra parte, he anotado si he tenido pensamientos críticos. Me ha ayudado a ser consciente de cómo se comportan los demás realmente y cómo me comporto yo frente a ellos.

-Dijiste que te han surgido un montón de dudas y preguntas. Cuéntame.

-Bueno, he tenido pensamientos existenciales a raíz de todo esto. Nunca antes me había parado a pensar en si yo era o no una persona crítica. Creo que lo tengo dentro, el ser crítica. Y también creo que soy más crítica conmigo misma que con los demás.

Se hizo un breve silencio y continuó hablando.

-Por otra parte, creo que me ha gustado ser crítica, el ser crítica me ha ayudado a ser mejor, a retarme tanto personal como profesionalmente.

-¿Quieres decir que el ser una persona crítica contigo misma ha sido algo bueno para tu trayectoria personal y profesional?

Lucía me miró a los ojos y sonrió. Se inclinó en el asiento para cruzarse de piernas y se apoyó en el respaldo.

-Por un lado…sí.

-¿Qué quieres decir que por un lado si ha sido bueno?

-Al ser crítica conmigo misma me he esforzado más al trabajar, he querido que las cosas salgan mejor aunque cuando no salían bien lo pasaba fatal.

-¿Me puedes poner un ejemplo concreto que recuerdes de algo que no salió bien profesionalmente y lo pasaste, como dices, fatal?

-Bueno, eso siempre me ha pasado, cuando algo sale mal, lo paso mal y me llevo el disgusto a casa. Me lo tomo como algo personal.

-¿Cuál crees que es la razón de que te lo tomes como algo personal?

– ¿Qué soy excesivamente crítica conmigo misma?

-Yo no lo sé, Lucía, dímelo tú.

-Sí, creo que soy muy crítica conmigo misma y por eso me lo tomo todo como algo personal. Muchas veces las cosas que han salido mal ni siquiera han dependido de mí, pero yo me lo tomo como si fueran de mi responsabilidad. Reconozco que mi marido me lo ha dicho un montón de veces.

-¿El ser crítica contigo misma, a día de hoy, es bueno para ti?

– Creo que no Beatriz, creo que me bloquea y me dificulta el seguir hacia delante.

-¿Qué es lo que vas a hacer?

-Creo que voy a seguir trabajando en escuchar a las personas con buenos ojos y seguiré tomando anotaciones. Todo esto ya me está suponiendo mucho trabajo de reflexión.

-Muy bien Lucía. Entonces quedamos en que te envío tu feedback-espejo-recordatorio y estamos en contacto vía mail hasta nuestra próxima sesión.  

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