Simeone-Mouriño: El azar y la necesidad

 En Artículo de fondo

Tras la victoria del Atlético de Madrid en la final de la Copa del Rey han vuelto a correr ríos de tinta a propósito de dicha final y de sus protagonistas.

No es casualidad. Siempre hemos comentado que el deporte es un espejo de la sociedad y en lo que se refiere al rey de los deportes, el futbol, una magnífica ocasión para hablar de las relaciones y diferencias con las empresas.

¿Qué es lo que pasó en el terreno de fútbol?

Lo que vimos todos fue un encuentro bastante igualado y muy competido, una auténtica final, en la que los dos salen a darlo todo y en la que uno de ellos supo estar más acertado. Los madridistas siempre pueden decir que tuvieron más ocasiones, que dominaron más el partido, pero una vez más se cumplió la ley del fútbol, el que perdona pierde y en este caso el Real Madrid perdonó, o no tuvo suerte o tuvo más acierto el Athlético, da lo mismo.

El Athlético llegó 4 o 5 veces a la puerta de Diego López y convirtió dos. El Real Madrid llegó en multitud de ocasiones y solo metió un gol, así que la final fue para el Athlético, que la persiguió con más ahínco y supo estar más acertado que su rival.

Además de juego, emoción lo que hubo en el terreno de juego fue mucha pasión y luchas enconadas por cada pelota dividida. Los dos equipos fueron fiel reflejo de sus entrenadores. El Athletico, del Cholo Simeone, luchador, entusiasta, capaz de inculcar en sus equipos la lucha por la victoria. El Real Madrid, de Mourinho, también peleón, más individualista, menos equipo que su rival, pendiente a veces más del árbitro que del juego.

Por supuesto el azar también influye y mucho, pero lo que vimos en el partido fue como la Historia de una muerte anunciada, los astros estaban con el Atlético, ese era su día, paradas inverosímiles de Courtois, tres postes, ocasiones clarísimas desaprovechadas, se diría que todo alrededor del Real Madrid presagiaba su derrota. Ese no era el día del Madrid.

El Real Madrid ha sido devorado por sus propios fantasmas, los que alentó Mouriño en estos años de reinado absoluto, en los que alimentó la polémica como seña de identidad, en un club que predica señorío. No hay señorío alguno cuando se mete el dedo en el ojo al entrenador del equipo rival, ni cuando se denosta al mejor portero del mundo o se utiliza al portero suplente para alimentar una polémica que trasciende desde el ámbito deportivo al de la sociedad.

Siempre he pensado que las formas son el fondo. No es posible mantener un equipo en la élite con una falta de formas como las del exentrenador de Real Madrid José Mouriño. Un ego como el del portugués desestabiliza cualquier institución, cuando el que lo tiene es la persona que manda. Recuerdo estupefacto la salida a mitad del campo veinte minutos antes de un partido, “para que los aficionados le pitaran”. Tampoco ha sido su fuerte las relaciones con la prensa y todos sabemos que en esta sociedad, la prensa es esencial para el equilibrio de una institución

Y que decir de las relaciones con los jugadores. La de Mouriño con los suyos se estudiarán en las Escuelas de Negocio para entender como no deben ser las relaciones entre el líder de un equipo y los componentes del mismo. La lista de damnificados es importante: Casillas, Pepe, Benzemá, Higuain, Adán, Sergio Ramos….. ¿Como se puede responsabilizar públicamente a algunos jugadores tras una derrota?  En management todo el mundo sabe que los elogios y felicitaciones hay que darlos en público y las reconvenciones en privado. Eso es el ABC de la gestión de cualquier equipo, el Real Madrid o un equipo de proyecto de cualquier empresa.

Pero hay que recordar que a Mouriño lo ha fichado, encumbrado y consentido el Presidente del Real Madrid, Florentino Pérez, máximo responsable de la entidad y por lo tanto de sus éxitos y fracasos. Ardo en deseos de escuchar las explicaciones de Florentino, a ver qué dice, a ver como justifica ahora lo injustificable y a ver si entona una autocrítica, un mea culpa que sirva para restaurar las heridas abiertas del madridismo. Aunque la verdad es que no espero demasiado. Aun estoy esperando una explicación de la destitución de Vicente del Bosque tras haber conseguido una Copa de Europa.

En la otra cara de la moneda, está Diego Pablo Simeone, del que naturalmente hay que hablar y un grupo de jugadores de un equipo aparentemente maldito, que ha sido capaz de derrotar a otro con un presupuesto muy superior.

Si hablamos de los errores de Mouriño, también hay que hacerlo de los aciertos de Simeone. El Cholo ha dado un ejemplo de liderazgo motivador y superador. Manteniendo siempre las esperanzas, pero con los pies en el suelo y aprovechando al máximo las fortalezas de su equipo, un equipo forjado en las derrotas, que ha ganado las 4 finales en las que ha participado.

Hay muchos otros planos en los que podemos analizar lo ocurrido, aunque el corolario podría ser que el azar del resultado se inclinó hacia el equipo que necesitaba la victoria y que mejor había trabajado para conseguirla. Ambos, azar y necesidad estuvieron del lado del que lo mereció.

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